La voz después del tono

-Alo, éste es el buzón de Ada…deje recado después del tono…-

Cuelgo el teléfono, es una grabación estraza, aturde, y por los dedos delimito una sustancia activa que se desliza sobre la lengua, ubico el lado brillante, ácido, antidepresivo. Busco táctil el playlist de Charly García y reencuentro la letra que funciona como placebo disfrazado. Respiro ansioso de los desperdicios oníricos, detonantes. Ha despertado temprano la consciencia, fulminante.

El sol lácteo se coloca adormecido en medio de la lluvia, mojado no me dice nada y hay un silencio sin tesitura, me abruma, tenía que pensarte ahora, recostado sobre el sillón sin alientos fijos, regresando a la otra vida, a la tuya, y no es un pretexto coloquial o insignificante. Es simplemente, un rasgo molesto.

Escucho mis pasos, la duela roe, ahí, reconstrucciones de un track y es la historia que dice: -vives en una melancolía insípida, ¿es tu razón de vida?-. Sigue el rezo por vos en el reproductor, y no me culpes, la cama ya estaba desordenada cuando te fuiste. Las respuestas sobran de entre las sábanas, caen sobre la madera reticular, espero no estropearlas con el humo del cigarro, veo, son el asomo de algunas palabras que escribías:

Uno, dos acordes, no le alcanza para rodar en el suelo,
la guitarra se queda en silencio y es que apenas el rezo descansa como melodía,
son sus seis cuerdas que en los inviernos se queman,
son las ideas que en mis muertes se levantan.

Entonces, Lisa se despierta desde la costumbre mojada, el día es cómplice al saludarnos. Voy súbito para la cocina, poco después la escucho pasajera sobre el pasillo y ya preparo café para despertar de nosotros mismos. Le veo en el espejo que me da de frente, delimita la sala: delgada, suave, y al pasar, huele a piel amorosa, sudada, entonces me desarmo, eres apenas un olvido silente. Me sonrío vencido, ya no hay reclamos en la rabia de escucharte sin prisa.

Amanece una herida, dale una cirugía,
es el boceto que ahora se presenta,
ve, somos una enfermedad exquisita.

Me doblo en esta coraza de certeza y Lisa sale del baño, cierra la puerta, se mete de entre los olores de la sala. Está la repisa con tus libros y en forma de luna que compraste para equilibrar el espacio antes de escapar. El sillón que está en medio me ve cansado, un vaso con agua en el ante comedor, una bolsa de Lis y las llaves de la casa que le picotean para entrar.

Ella entra a la cocina, voltea con el cabello volado y me dice –hoy tengo junta en la tarde para un comercial de televisión, ¿tienes algún plan-. Pienso y nunca planee recordar a Ada, le respondo con las manos que escribiré para una revista. Lisa se hace una trenza con vehemencia, alcanzo a ver su cintura delgada, me llama, es su arco de la espalda, ya quiero rehacerle el amor sin retazos fúnebres.

Me dice: -mándame un mensaje al celular y vemos, estoy algo cansada, soñé que estabas conmigo y me decías: es que no puedo Lisa, estoy en otra vida. Me desperté y estabas viendo por la ventana, nunca he adivinado qué es lo que piensas, no eres muy predecible, fue que ya no pude dormir con ese pensamiento-.

No sé que contestarle y me siento en el sillón que me miraba cansado. Reflexiono. El sueño me hace ver algo esquizoide, lo coloco en el sentir, no puedo dramatizarlo y estoy incoloro en la situación. Leo en la memoria:

Es el traste que en la melodía te invita un souvenir,
te enciendes, te sigues, juras no regresar al mismo pasado,
se escucha el encuentro del alma partida en aguda transparencia,
mover el espacio en el aire,
y seguir con una garganta agrietada de anhelos.

Lisa me da un beso en la frente, me ve fijamente, no hay mentiras en su retina, y comenta: -Sabes, te quiero, aun sin tu voz, eres mi taciturno personal-. Sale del departamento y enseguida marco tu número en el teléfono.

-Alo, este es el buzón de Ada…deje recado después del tono…-

Cuelgo.

Recuerdo la carretera, el accidente, escuchábamos a Charly García y después del coma me enteré que me quedé sin cuerdas vocales, las cortó de un tajo el parabrisas. Me dijeron que no podías verme así y te fuiste a Canadá.

Me muevo sin reparo esperando que pronto seas olvido.

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