Deja vu y la foto que no existió más que en la memoria.

En un estado depresivo desde la madrugada, ese día sábado pretendía estar lleno de ansiedad. Hace algunos años ese era el estado común, la normalidad. Mientras tanto, un bebé nacía e invitaban a una amiga al hospital, Yhara. La quise acompañar al nacimiento, pero con mis neuronas enfocadas en la destrucción de los avatares diarios, no podía más que estar enojado por situaciones que en este momento aún no me explico. Lo que sí, es que se acercaba mi cumpleaños. Durante el transcurso de ese día se presentaban discusiones fáciles, intermitentes, es verdad, yo no procuraba una buena compañía.

Yhara me comentaba que debía acompañarla en la noche para tomar unas fotos, que tenía un evento, que no me podía decir dónde porqué aún no sabía, yo inmiscuido en esta frecuencia berrinchuda y sin siquiera darle una oportunidad a la vida, me enfrasqué en el no conseguir la cámara fotográfica. La discusión llegó a tal grado que tuve a bien irme del hospital sin ninguna explicación. Sí, sin duda eran enconos fáciles a partir de exigencias conmigo mismo y con la vida. Berrinches llanos.

Me tranquilicé y le hablé, nos quedamos de ver en la noche y me seguía comentando del llevar una cámara fotográfica, yo le preguntaba para qué, y ella seguía sin decirlo, y yo, no pude más que no llevar la cámara. Llegamos al lugar en la colonia Juárez, el antro se llamaba la Bodega, entramos al mismo sin pagar mientras la gente se formaba para entrar, algunas personas adentro esperaban expectantes entre las luces neón verdes y azules, los ojos brillaban en el claroscuro de una bodega y un concierto estaba por empezar, no entendía muy bien que era lo que pasaba.

Devenimos por un pasillo corto que estaba abajo del escenario, íbamos sin hablar, era la sentencia de nuestro pasado reciente y al momento de entrar al backstage improvisado con telas cortando dos espacios, me encontré en primer plano, sentado de mi lado derecho a Flavio Etcheto, viendo hacia delante, cómodo, serio y con mucha fuerza vestida de carisma en el entorno. En frente, del lado izquierdo en un sillón, estaba un personaje, moreno, mestizo, cabello largo, pantalón de mezclilla, nariz chata, sonreía sin culpa, era el guía espiritual y emocional para la noche, traía consigo todos los enseres necesarios para un nirvana estacionario. A mi lado izquierdo, sentado mirando el río babel sin pretender más que escuchar estaba Gustavo Cerati, serio, meditabundo, los ojos crispados, poco elocuente, el líder generacional estaba por entrar al nirvana. Era mi regalo de cumpleaños. Yhara me llevaba a conocer a la persona con la cual -sin él saberlo- establecí muchos momentos como fotografías moduladas de vida, entre relaciones, desamores, vínculos de amistad y procesos de creatividad ensimismados, todos en un mismo lugar: –todo está pasando aquí y ahora– y la cámara berrinchuda se guardaba en los trasiegos de la ansiedad.

Por un largo momento pretendí observar, establecer el espacio sin disimulos, lo tácito, nos saludamos de mano y el intercambio de palabras fue nulo, era la misericordia del respeto, y presiento ahora, que el encuentro podría haber resultado mejor en términos creativos, en procesos de cómo se hilvanan ideas y sentimientos, claro, yo tan sólo como bardo observador y bueno, Yhara hacía su trabajo, hablar con él y ver si podían usar alguna canción para soundtrack de la película 7 días. La conversación fue entrecortada por monosílabos de él y las preguntas por parte de ella. No había un dejo del rockstar, no existía una pretensión del siquiera inmolar los gritos que se escuchaban de entre los pasillos, esperaban a Roken, un proyecto electrónico que pocas personas conocen y que tiene como mérito la canción Vértigo y el presentarse en casi todo iberoamérica en festivales electrónicos y que esa noche se desplegaba en la Colonia Juárez del DF.

No pasó mucho después, quisimos quedarnos un rato para ver el concierto, empezaron a tocar desde teclados, tornamesas y sintetizador, no vi la guitarra y me parecía que Yhara no se iba a divertir y yo con mis grados altos de ansiedad, no, no estábamos preparados para disfrutar de un discurso electrónico que en ese momento desconocíamos.

Como leerán, la foto no existe, pero la memoria está intacta, agradezco a Yhara por su regalo de cumpleaños, el cual atesoró sin ansiedad en el recuerdo y a Cerati por no pretender cambiar a toda una generación o saludarme con pose de rockstar, simplemente por crear (así, crudo: crear) y llevar a todo el mundo un legado trabajado por décadas que será muy difícil de igualar.

Gracias Totales…

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