Náufragos de vida

Levantarte en medio de una recámara sin una idea fija por realizar, determinando nebulosas sin martirio, sin objetivos certeros, esperando el sonido inocuo del teléfono para y por un freelance, hablar a los clientes y determinar si es que en algún momento pensaron en pagar sus deudas, buscando más trabajo en la red o con los amigos, y sí, una taza de café reconforta, un tiempo despierta de entre mil segundos, de vez en siglos una epifanía: -la autonomía no es fortuita se construye del diario-, y los sinsabores de la edad media dónde me puedo dar el lujo de destruir 10 años de trabajo y de repente naufragar. La vida y las decisiones cobran factura, aunque hay un sabor a libertad , y sí, un alivio sin sentido.

La suerte de éste respiro sabático me convierte en realidad en un desempleado en las listas engrosadas del estado, las formas de esta situación pueden ser muchas para establecer un símil a cualquier edad, pasantía, despidos, renuncias, jubilación y /o decisión personal, esta última: única pero sensata. En nuestro caso, un sillón puede mediar el estado poco grácil para una transición indirecta, las paredes blancas enfrente y la televisión encendida, los cuernos del sol sin arder y la mirada de mi padre buscando algún camino que le dictaminé los pasos a seguir, una determinación difícil después de jubilarse y de 35 años dedicando cada acto a nuestra familia. Los hijos crecen, tienen cierta independencia, y él, náufrago del sistema, al igual que yo, quedamos en medio de una isla desierta compartiendo un sillón para ver la televisión.

Los naufragios sociales son consecuencia de la exigencia personal a través del deber ser, dónde el agua del stress llega a las orejas, empuja el hipotálamo, atrás, adelante, y el ojo brinca buscando una salida en las venas. Los aquelarres de la estruktura, sí, el matrimonio, el trabajo en grandes corporativos ominosos, el defender una idea, valores, ética, la complicación de un vida disfuncional por sí sola, y henos aquí, buscando los resultados de fútbol y una acción más determinada sin soliloquios, ambos, sentados en el sillón nos vemos de lado y nos tomamos del mentón, miramos fijamente y tiramos una reflexión por la borda –somos un fiel retrato del otro, hijo, padre, misma situación en diferentes tiempos-. La idea de salir adelante con autonomía es de genes, y es por eso que esta isla que nos acompaña es suficiente para construir una vida más digna y sin ésta fotografía de por medio ¿o no padre? Hay mucho que navegar por delante.

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