Certeza sin hidratar, Playa del Carmen

En la salvedad de una certeza sin hidratar, Playa del Carmen durante el mes de Agosto no dista de cualquier rumbo mexicano que cuente con una playa cero distante. Las calles adoquinadas de la Quinta Avenida a las 12 AM estaban vacías, idealicé una multitud en un día martes, y no, no había marcha, tan sólo estábamos en la antesala a una decadencia momentánea, y caminábamos entre pocos turistas y los esperanzados comerciantes que te venden un México dolarizado, iba con el Loco (un amigo universitario) y un fotógrafo argentino, ambos buscaban, cazaban, yo difería en la nula fe, y queríamos arribar a un lugar acorde con las siguientes pretensiones personales: –que se pueda fumar, que sea barato y que haya presencia femenina- tendríamos que ir a un bar postadolescente, y sí, la calle 12 te ofrece en medio de cuatro cuadras y una esquina, un sin mil de opciones, el Blue Parrot, la Mezcalina, el Cocobongo, La Santanera, pero no, ninguno satisfacía nuestra oquedad.

En un momento de inspiración mi amigo el Loco, recordó que enfrente de La Santanera hay un pequeño bar, dónde venden de a 35 varos el litro la chela. La inspiración fue brutal, y en el preciso instante en el que regresábamos por los otros integrantes de la producción, se nos acercó una mujer borrosa, pequeña, distante en el alcohol y nos dijo: –lo importante de una verga es su tamaño, las pequeñas sirven si sabes moverla, pero yo prefiero las grandes- y ahí, le tomó de la entrepierna a mi amigo el Loco y terminó con su monólogo: – ¿tú de que tamaño la tienes?-. El Loco se quedó impávido, realmente estábamos pensando en el litro de cerveza y él (creo) en el recuerdo comentó: – pues habrá que medirlo ¿Cómo ves?-. En ese momento ella se retiró, y claro, la decadencia en una playa así trabaja, en una noche que transcurría en la guía de una idea banal, a veces dos, el declive se nos presentaba como un retazo de lo que sobraba del paraíso y se iba, consecuente, sin pedir permiso.

En el epílogo nocturnal, regresábamos al bar, y ahí, reestructurando ideas, escuchaba en la memoria reciente algo que había dicho un argentino que organizaba el evento en dónde trabajé de videógrafo: – Los mexicanos no aprovechan lo que tienen en su país y tienen que venir personas de fuera para hacer lo que ustedes no trabajan-. La frase, así como la anécdota de esa noche, me dejaban sin mucho por discernir para una plática coherente, ahora, por eso es que termino por escribirlo y claro, una cosa no tiene que ver con la otra, pero así son algunas madrugadas en Playa del Carmen.

Escrito en Septiembre 2010

Posted in

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s