Día Bicentenario (segunda parte)

Mi cámara se instaló a 6 metros del templete, en dónde Felipe Calderón y esposa firmarían un libro conmemorativo del Bicentenario para que después los invitados pudieran hacerlo. El plan era el siguiente: al terminar la ceremonia del grito, los invitados bajarían por las escaleras para llegar al “convite”, y al final de éste proceso llegaría él que se despachó en este lugar, después, firmaría el libro antes mencionado y seguiríamos aspectos importantes de la reunión, yo tenía como instrucciones el seguirlo durante su recorrido, las otras cámaras estarían respaldando lo que yo pudiera contar con aspectos de la Orquesta de la Marina que estaba instalada a mis espaldas.

En la espera, fue que a mi lado izquierdo ya estaba Azcárraga Jean con esposa, pasaron dos minutos y en la misma mesa se instaló Salinas Pliego, con hijo y cónyuge a su diestra, ambas familias fueron un ejemplo máximo de tolerancia, como si la historia no les hubiera dado pretextos para tener una competencia mediática ¿porqué debería de ser así? si ambos tiene sendas y desorbitadas tajadas del pastel, no, para que desgastarse en rivalidades perennes, de barrio, es más cómodo convivir. Horcasitas platicó con ambos de una manera afable, casi de cuates, decretos, leyes y acuerdos de por medio. El Secretario de Comunicaciones y Transportes debe tener una excelente e interesante plática, ambos estaban muy atentos. Blake y Lozano, se apersonaron detrás de Horcasitas y ambos saludaron con sonrisas obvias, pertinentes, una leve carcajada acompañaba el diálogo, todos seguían el guion a la perfección, no había sorpresas. Aburrido.

La perspectiva ya era incómoda, mis pies obviaban el desgaste temporal y en el pasillo principal, en medio de las mesas, observé al Ing. Carlos Slim acompañado de Carlos Marín. El dueño de Telmex caminaba resuelto y el director editorial del periódico Milenio algo le decía. Slim a mi entender, no prestaba atención ¿Qué le estaba vendiendo Marín? No lo sé, pero de los periodistas, es el más político. El Ingeniero tendría que escuchar bien las entrelíneas, pero pensé: -seguro lo ha tratado más que yo, él sabrá cuidarse sin duda-. Del otro lado del patio estaba Salinas de Gortari, tomándose fotos con el que así lo quisiera, también se le veía relajado, la historia no le pesa, es de los ex -presidentes que siempre lleva consigo en el alguno de los bolsillos una sonrisa bien ensayada ¿Qué pensar? canalicé con él cada una de mis frustraciones generacionales durante toda una década y ¿Qué ha pasado? Nada. El señor sigue muy contento y yo trabajando en producción, escribiendo relatos a sus costillas, volví a preguntar ¿Qué pensar?.

Fox y Sahagún se fueron muy rápido, el Palacio Nacional les quemaba los pies, como si una voz en sus cabezas les dijera –rápido, váyanse antes de que el destino les alcance-, así como Chespirito, aunque éste último se fue en silla de ruedas y sin torta de jamón. Chabelo estaba muy serio, cansado, 40 años en TV ya le cobraron factura, pensé que no tendría mucho que decirle al niño-señor vendedor de sueños y frustraciones, pero ¡por fin!, había llegado el anfitrión.

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