The master, y el gusto de ir al cine

Una imagen puede ser verídica cuando encuentras algo de humanidad en el diálogo y The Master (2012), película del director -algo outsider- Paul Thomas Anderson, logra vínculos universales en muchos frames de la cinta.

Proyecto en un principio abandonado por Universal Studios, que en aras de su realización libertaria fue la mejor decisión, ganó el festival de Venecia en el 2012 y con esa reputación, en el mercado “indie” pudo recuperar los 30 millones de dólares bien invertidos de la producción.

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Describiré la sensación cuando observé las primeras secuencias:

Vaivén en un péndulo sicológico donde indagaba muchas facetas de lo que tenemos bien a llamar humanidad, y no percibía a bien las diferencias de los personajes, ya que en lo básico, la mayoría de los protagonistas tildaban en esfuerzos psicópatas y egoístas. Sí, algo cínicos en sus traslados cinematográficos.

Después, para serles franco, como director entré en un momento de envidia, quería haber realizado un trabajo así, no sé si sean las actuaciones algo dispares de lo que se ve en la industria, sí, en realidad son trabajos sincopados, algo transgresores de: Joaquín Phoenix (Freddie Quell) y Philip Seymour Hoffman (Lancaster Dodd), pero estaba sentado en la butaca y de la boca creía que crecía un hilo de cáñamo, y en el momento consecuente se atascaba en la garganta, entonces, tenía una risa involuntaria que rompía con el frágil silencio del Cine Tonalá, y decidí realizar algún proyecto con un diálogo de esa fuerza interpretativa.

De repente, sin saberlo, ya estaba viendo bailes cinemáticos, diálogos precisos en la edición, transparencias en las miradas, excelentes travelings y estampas del fotógrafo Mihai Malăimare Jr. (El plano secuencia y su coreografía adentro de una tienda departamental, es una pieza clásica y un ejemplo para todas las brigadas creativas de la producción audiovisual). Estaba impresionado de lo que estaba viendo, y contento disfrutaba de la película.

Mientras escuchaba lo que pasaba en la cocina del Cine Tonalá, descubría que The Master (2012) era un diálogo resistente en la línea delgada que corta a la locura de la cordura, la soberbia de la inteligencia, y revelaba lo primario del ser humano, donde la mentira destaja a la verdad por inquietantes lados; estaba asistiendo a una exposición sin calibrar de lo que podemos llegar a ser, y nuestros límites en lo animal y en lo racional terminaban por escupirnos en la cara, ejemplo:

La imagen en dónde el hombre místico y líder de “La Causa” (Philip Seymour Hoffman) comparte prisión con el marino bebedor de thinner (Joaquín Pheonix), a los cuales, los separa una pared, donde el último destroza su celda con las manos esposadas en su espalda, utilizando cabeza y pies para inmolar su falta de libertad, y el científico sereno, racional, soberbio, fuma mientras lo observa, entonces, el diálogo se incrementa en una línea caníbal y terminan los dos, de igual a igual, gritándose como animales y destazando la secuencia.

Es la condición humana, ya que sin confrontación no hay evolución y como conclusión me quedé con esta frase entre los antagonistas:

-Cuando puedas sobrevivir sin un amo, ven y regresa a contarme como lo hiciste-.

Esta oración sucede  cuando Universal Studios abandona un proyecto, y los demás podemos ver un proyecto libertario.

* El personaje Lancaster Dodd está basado en L. Ron Hubbard el fundador de la dianética y la cienciología

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