Las personas mutan en los sueños

En la sencillez de esta mesa de madera se pierde una idea tácita: -las personas mutan en los sueños-, ésta frase determinó el que yo esté de regreso, trabajando en aterrizajes forzosos sobre tierras sin adjetivos, sin parpadear volteo y el estudio se enmudece, un momento, dos, que tan sólo por llamarse instantes ya no pueden ser futuro; enfrente, una puerta de dos tablones de madera que me permite una salida al balcón, en la parte de arriba de la puerta, pequeñas tablas en horizontal dejan que el estudio se llene de aire, y es entonces que la asfixia ha tomado camino. Necesito un doble cortado.

Estoy atado a una plática que no buscaba con Baeza -Xavier no tengas duda: la suerte hay que trabajarla-, sin opción tuve que verlo en ésta mañana de Octubre, en dónde sin mucho empeño salí y tomé un café, respiré sintiendo como el aire inflaba el cuerpo, como es que mi suerte no la he trabajado para despedir esta necesidad y encontrar una certeza aunque sea en un hastag, y ahora, la vida es sedienta, casi egoísta, y redoblo el golpeteo de la mano, una idea me sobra y se la comparto como si fuera un status: -la suerte no se trabaja, es una cínica escalera tributaria de acciones-. Ausente por segundos me quedo en silencio, observo como el amarillo del día cae sobre el arco de la cafetería, las paredes pintadas bicolores, arriba café, abajo crema, y algunos resquicios del tiempo en las tapias, algunos detalles que se anuncian con el óxido de la mañana.  Él, silente toma un sorbo del mezcal, lento, mudo, absorto, una costumbre intacta, y trato de encuadrar una explicación para su figura ahora fotográfica: es constante una idea cada vez que estoy con él, siento, que lleva a cabo un tipo de guerra personal, que deviene después del tercer mezcal en un estado intermitente de depresión, claro, ya es un actitud sistemática.

Me regreso a la plática y escucho como termina su frase: -entonces me pregunto: ¿con quién podía ir para encontrarse con Dios y todos los diablos? y así pedirles una respuesta-.

Algunos perros callejeros pasan al lado de la mesa, tienen más dignidad que mucho del tejido social de la Ciudad de México y me interrumpe Baeza al ver mi mirada perdida en la reflexión: -Deberías escribir tus memorias, podrías contar algo más allá de esa mirada perdida-. Le remito: -no lo sé, pero por sentido común debería empezar con algunos sueños, puede que de ahí salgan algunas buenas historias-.

Entonces me avientan un hueso, me quedo sobre cuatro patas en el piso y empiezo a ladrar. Así me pasa cada vez que estoy soñando y Baeza que nunca ha existido, me pide que escriba mis memorias, ya la respuesta de Dios y todos los diablos, sobra.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s