El Mandato

“Sin mentiras sólo queda esto que somos, y la tragedia: hermanos estamos enfermos de humanidad”.

El mono concejal terminó el discurso y no hubo más que silencio en lo que quedaba del Palacio Legislativo.

El presidente orangután entonces rompió en llanto, y todos en la manada se pegaron un tiro. Frente a esa verdad, ya nadie podía gobernar.

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