2021, el año que disfruté del ajo

El 2019, fue para mí cómo un pequeño grano de «risotto», donde pude ver la última resistencia de mi ego sin almidón, pero aún pequeño, resistente, testarudo, por lo que tuve que cocinarlo con vino blanco, agua, mantequilla y leche, así logró “suavizarse”, para después formar parte de un menú más grande que él, en este convite al que estamos invitados todos llamado vida. Ese fue un año en que la comezón fue cosa de todos los días por el cambio de piel que llevaba mutando más de una década, salpicando aceite en mis costras, en mi pasado. Entonces, se aparecieron mis muertos, mis fantasmas, y pude comenzar a despedirme de la soberbia y de un «halo» de superioridad moral que me jalaban para hacer fiestas donde terminaba por ser un gran anfitrión solitario. Ahí, mi berrinche agreste e infantil terminó por calmarse para entrar el 2020 y sobrellevar la Pandemia del Covid 19 con todo lo que esto implicaba, paciencia y determinación. Sí, fue un año sin nombre, sin pretextos, de pura carne viva.  

Este 2021, le podría denominar como “ajo”. El ajo es un saborizante natural, que en lo personal debe ir primero para freírse en el aceite antes que todo lo demás, así “colorea” todo lo que se sazone después, y me pregunto, cómo es que algo tan pequeño puede permear en el futuro de cualquier receta. Esa fuerza ha sido una constante en cada uno de los meses de este año, una idea graciosa, significativa para condimentar un mejor presente, uno más real, con más sabor, con experiencia en su uso y con la idea de que ayudó a la circulación de ideas, de esfuerzos, de días. No lo sé, si etiqueto al tiempo podría quitarle aristas interesantes, pero creo es un buen ejercicio para explicar que a pesar de la dureza por la pandemia para muchas personas, por esta nueva normalidad que aún no termina por ser consistente, el ajo pudo darme un condimento para olvidar los sinsabores anteriores. Es una idea que llevo cocinando algunos días y que me permite condimentar el día a día con más sazón, y así en algún momento, al respirar, poder chuparme los dedos.   

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