En el piso brotado, salpicado, termino con la apariencia de un sueño que no he de morder, y es un placer estético el no pensarte, porque ayer que no llovía, me distraje con la historia de una virgen que no escucha los gritos de las mujeres satisfechas, que por ser rosas matinales se sonrojan en el porvenir, que por ser duraznos dulces perduran en mi lengua que palidece en el piso salpicado.

En el piso brotado persigo el briznar del egoísmo, pregunto a la presunción y es cuando soy más farsante, y así, empiezo a contar una historia, como ayer que no llovía y pude ver una esquina del universo personal, y ahí, bailaban mi pasado, presente y futuro, después, no pude más que resoplar un alarido para mi ceguera, entonces borré la palabra -farsante- y se quedó en el piso brotado, salpicado.

Foto: Iván Beristain