La nueva película de Spike Lee trama en lo general del racismo como estilo de vida en el país vecino. Lee ha logrado contrastar en duras imágenes, en fuertes discursos: la idea del poder blanco y el poder negro, concluye y cuestiona a la violencia como única vía.

El miedo como combustible.

La historia basada en hechos reales (1979) nos hace ver los problemas en Colorado Springs, comunidad enclavada en medio de USA, pueblo tranquilo, donde entre la normalidad de un universo pequeño, sensato, sin pretensión, salen los más oscuros deseos detrás de tradiciones, de las historias personales.

El escritor de la historia de la cual se basa la película, Ron Stallworth, nos narra como al ingresar al cuerpo de policía logra entrometerse en los recovecos donde se infiltra el odio y como para trabajarlo tiene que ver los extremos de ambos lados, sin juzgar, sin establecer opiniones personales y eso le da frescura a la narrativa.

Los extremos son matizados y eso le de más relieves a cada uno de los personajes.

La película ha recibido muchos premios en este año y ha logrado llamar la atención por mostrar un tema que está en carne viva para todos los norteamericanos, es una lástima que un tema universal como el racismo tenga que hacer frente en competencia por el Óscar a otro tema también trascendente, la soledad femenina, el cual aborda ROMA, proyecto que le ganará el premio como mejor película a Lee, pero no lo quitará la madurez que ha logrado este director norteamericano.

Acertado el homenaje a los personajes de la cultura pop afroamericana de esa época.

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Incidente 1

Con von Trier siempre hay predisposición para ver el mal y colocarse ahí para ser devorado.

Bienvenidos al Rastro (matadero) de nuestra posmodernidad.

Incidente 2

En la nueva película de Lars von Trier hay un intento, un desglose de bellas imágenes y diálogos “certificados” de estética, de filosofía, ahí, encontré el ritmo, el respiro, el silencio para ver un espectáculo grotesco, pero también ahí, un momento incómodo: Lars justificó la idea de “obra maestra”, y al mismo tiempo, estableció un límite en su trabajo, con la idea de hacer malabares éticos pagando un precio ¿culpa? por encontrar el goce estético de violentar sus historias, de ensangrentar el cuadro. No pude ser misericordioso, al final no nos importa Lars, mientras tu seas feliz y puedas vivir con tus fantasmas creativos a los demás nos “va bene”.

Una idea primaria le da hilo al asesino: habla de que para Ser, decidir, lo mejor es no esconderse. Un consejo al dente, justo.

Incidente 3

En la fotografía, en algunas secuencias regresamos a sus primeros trabajos a partir del decálogo “Dogma 95”, grano, luz natural, coreografías teatrales, cámara en carne viva con la acción, pero, de repente pensé que estaba viendo a Greenaway con lo más denso de su paraje pictórico. La obsesión compulsiva tiene muchos caminos, y creo, hay más allá del heroísmo en slow motion tipo Marvel.

Incidente 4

El narcisismo seductor de Jack que encarna Mat Dillon da vida el discurso que justifica a Lars, y Verge, Bruno Ganz, es su consciencia cínica, amable, su anfitrión en el camino al infierno, siempre inmortal, le da impulso a la voz de Jack, creo sin Verge, Jack sólo habría sido un destripador más al noroeste de los Estados Unidos.

Uma Thurman, Siobhan Fallon, Sofie Grabol y Riley Keough ¿por qué trascender sus personajes a través de la violencia? Víctimas en sus interpretaciones, rayan en un juego perverso, infantil, pero siempre es de ambos lados, y en los acentos, en los incidentes, le dan gran consistencia a la obra en lo particular.

Epílogo

A Lars le gusta sacarse la rifa del Tigre, y el papel que juega el cordero en el proceso de la creación-destrucción le otorga lo suficiente para construir una casa vacía, sin misericordia.

Vivimos tiempos extraordinarios en nuestro país y si miramos, dentro de la fotografía del “cambio” vemos muchas aristas, coincidencias, una de ellas, ROMA, la última película de Alfonso Cuarón, que llegó justo en la quincena de salida y entrada de los “Presidentes” de este país, vaya timing transformador.

Alfonso Cuarón se caracteriza por trabajar sus propuestas a partir del oficio de ser director, entre más “tablas” más opciones creativas, acá, su foco de “rebeldía” radica en la sencillez, simplificando el guion, el tono, para mostrarnos una familia con problemas fuertes pero habituales, donde se acercan a la muerte sin pretender, rozándola, acariciando los límites de la violencia y mirándose en la familiaridad, en la casa, en cada pared, donde habitaban los claroscuros de esta familia en un tono fresco, a veces torpe pero muy auténtico.

Al mirar la película en sala Julio Bracho, ante el audio, ante la fotografía, pudimos ver la actuación natural de Cleo (Yalitza Aparicio) y la fortaleza histérica de Sofía (Marina De Tavira) tejiendo entre las dos un vínculo universal: la soledad femenina.

Una labor fotográfica impecable, creando imágenes y relatos calca del ideario personal del director mexicano. Un gran trabajo también, en el diseño de producción para llevar el imaginario hasta los límites del desastre, del caos, dónde me hizo recordar algunos planos secuencias de Fellini, o del mismo Tarkovsky, imprimiendo una fuerza narrativa sin pretensión, sin jugarle al chingón.

Roma, es un claro ejemplo de la memoria como prosa cinematográfica.

Volemos.

Por cierto, para ustedes ¿Qué niño era Cuarón? ¿El Astronauta?

Foto Twitter @alfonsocuaron

En tiempos donde la violencia actual se ha vuelto cínica, la película estrenada en el 2001 –un mes después del atentado de las torres gemelas- tiene muchos “temas” que abordar, pero la crítica al -American dream- desde el borde, es de llamar la atención aún en el 2018.

Las palabras del outsider siempre han provocado que el cuestionamiento sea visto como un punto de quiebre, y el director Richard Kelly ha logrado que todos los personajes lleven un hilo de crítica apocalíptica, un esfuerzo cómico para ir a los lugares reconocibles de la doble moral recalcitrante y de un esfuerzo paranoico por marcar una diferencia; sí, a través del disfraz de un conejo ezquizoide.

El Amnesiac de Radiohead salió el mismo año y es de llamar la atención sin duda la sintonía oscura presentada en ambos proyectos, y el caos sincopado para buscar tiempos mejores, donde un antihéroe nos redima, y al final, agradecerle por la esperanza como aspirina, como entretenimiento.

La locura que acompaña a la libertad.

Un reflejo actual, una luz en medio de la sala de proyección, y comienza una historia con imágenes de tres anuncios espectaculares olvidados, vacíos, con la palabra vida en sus estructuras oxidadas, y agradezco que en medio de todas las películas nominadas por los grandes premios de festivales y entregas de premios pudiera encontrar ésta historia escrita y dirigida por Martin McDonagh, ‘Tres anuncios por un crimen’, la cual, tiene 7 nominaciones las Óscares, y dirán ¿por qué?

Sin spoilers les diré que el hecho de que el director y guionista tenga escuela teatral se nota en cada una de las secuencias, donde las interpretaciones actorales llevan de manera “diferente” y “sin ataduras” un guión bien logrado, con cambios emocionales de un segundo a otro, que sin duda, lo hacen un proyecto entretenido.

Un gran director debe ser un gran titiritero y el señor Mcdonagh tiene ese don, la historia se dispara de un acto violento: el homicidio de una joven, casi imperceptible, con la violencia que se normaliza en cualquier latitud y una madre, el personaje de Frances McDormand que le hizo ser acreedora al premio como mejor actriz del SAG Awards, tiene la fortaleza de poner la muerte de su hija en el foco de atención en la prensa y en su pequeña ciudad en medio de un Missouri decadente, donde nuestra naturaleza humana se presenta en medio de actos de locura así como de situaciones increíbles, que dan a este proyecto fílmico una gran halo de personalidad.

Un gran director debe ser un gran titiritero

A pesar de que la historia se sitúa fuera la vorágine tecnológica, es una muestra de lo que una persona puede lograr sabiendo utilizar los canales de comunicación adecuados para atraer la atención, como en el caso de Marco Antonio Sánchez (3 febrero 2018) que ha salido a la luz gracias a que su amigo logró estar con él en su momento de detención y pudo compartir con los padres del joven así como en la web, el “hecho”, el “acto” de terror y coloca a nuestras dependencias oficiales en un punto donde no hay regreso, así como en la película, donde la locura y la brutalidad son tan reales, y están tan cercanos, que ante casos así, debemos saber de que lado estamos.

‘‘Three Billboards Outside Ebbing, Missouri,’’ 2017.

El street art tiene en su haber una consecuencia fílmica y de narrativa audiovisual en manos de su mensajero más incisivo: Banksy. Exit Through the Gift Shop es un documental construido a base de videos retomados (miles de KCTS miniDV) por Mr. Brainwash (Thierry Guetta) y desde un punto de vista –natural- underground para la consecución en su montaje.  Claro, con la certeza de que nunca verás a la cara a Banksy.

La parte alquímica del film se aquilata en cada uno de los momentos grabados de manera fortuita y sin tener una finalidad de facto. Sí, lo real y la creación momentánea tiene su fortuna en el documento y por consecuencia, la vida del street art puede tener una forma adyacente, pertinente y algo flatulenta en la percepción primaria del observador novato, pero, para el outsider, es un respiro en la tangente, en esa necesidad de ver a seres cercanos en el quehacer cotidiano del estar en la cornisa sistemática. Exit Through the Gift Shop sin duda permite un descanso visual, estás palpando en una sala de cine: un trabajo creativo sin necesidad de patrocinadores.

El traspatio de los acontecimientos tuvo a bien llegar a la parte romántica de la revolución estética de éste siglo, siempre agradecida en las calles y en sus derivaciones, hasta este momento no hay sobresaltos a considerar en está ligera opinión.

Un –aunque- debo destacar, al final de la película me quedé con un pensamiento de entre el cencerro representativo del largometraje, tiene que ver con un saber cínico de los creadores para decirnos: “Señores, el street art no está en venta y somos tan capaces de jugar con el mainstream que podemos hacerles ver que (aunque no lo crean) pueden comprar un sarcasmo de millones de dólares en Sotheby’s”.

La broma (en lo personal) es el personaje creado por ellos mismos llamado Mr. Brainwash, como leerán, desde el nombre lleva una grácil sentencia, el cual, al ser el testigo –en video-  de cada de una las acciones y procesos creativos de ésta línea creativa durante décadas, en un momento dado (por recomendación de Banksy), es que se declara artista y toma del cuello a la decadencia del arte pop actual (si es que ésta idea valiente existe) para darle una consecuencia mediática, fortuita y redituable. Lo permisible de Bansky para dar a conocer esta historia dentro del film, es, sin miramientos (y lo que más llama la atención) a lo que nos tiene acostumbrados en sus trabajos: una burla a través del street art para con el stablishment.

Banksy lo ha logrado otra vez, ahora en cine. Es una historia non-fiction que hay que ver, si se puede, en una sala cinematográfica.